Vuelos planeados
Una serie es un conjunto de vuelos que responden juntos a una pregunta. Todas empiezan igual: un vuelo de altura que da el marco, y después los vuelos bajos que lo llenan de detalle.
Suelo volcánico o veta de metal: las dos razones por las que hay una ciudad mexicana donde la hay, más una tercera que no es ninguna de las dos y explica Tijuana y Cancún.
Los Andes partidos en tres, un río que fue la única puerta de entrada durante cuatro siglos, y pueblos encaramados en los filos porque el café quiere ladera.
Primero el vuelo de altura. Por encima de los 30.000 pies, cruzando el territorio de lado a lado en una sola línea. No sirve para ver detalle: sirve para que los vuelos siguientes tengan dónde encajar. Sin ese marco, ocho vuelos bajos son ocho postales sueltas.
Después los vuelos bajos, uno por idea, en el orden en que se construyen unos sobre otros. En la serie de México el primero es el eje volcánico porque todos los demás dependen de él; en la de Colombia es el Magdalena por la misma razón.
Cada vuelo lleva sus coordenadas para llegar directo con la estación del instructor, sin volar hasta allá.
El simulador reproduce con fidelidad el terreno y muy mal las ciudades: los edificios son volúmenes genéricos levantados sobre el trazado real de calles. Ningún monumento de México ni de Colombia está modelado.
No es un problema para lo que estas series preguntan. La respuesta a por qué una ciudad está donde está casi nunca son sus edificios — es la cuenca, el filo, la bahía o el paso. Y eso sí está.