Serie México · Vuelo A · Briefing
Del Golfo al Pacífico en una sola línea, por encima de los 30.000 pies. Tres cuartos de hora para ver entero el edificio que el resto de la serie recorre piso por piso.
Lo que queda debajo de la ruta, cortado de canto. Los picos en trazo discontinuo no están sobre la línea sino a un lado, a la vista.
No es la narración del vuelo, que queda para después. Son las piezas que, traídas de casa, hacen que el paisaje se explique solo cuando aparece.
Entre la costa y el borde del altiplano hay más de dos kilómetros de subida en poco más de cien kilómetros de horizontal. Desde arriba se lee como una pared, y es la razón de que el tramo Veracruz–Puebla fuera el más caro y lento de todo el comercio virreinal: por ahí subía a lomo de mula lo que llegaba de Sevilla.
La Sierra Madre Oriental es roca sedimentaria plegada: crestas largas y paralelas, como una alfombra empujada contra la pared. El eje neovolcánico son conos sueltos, cada uno con su falda. En esta latitud las dos se cruzan, y el contraste de formas es la manera de saber cuál es cuál sin mapa.
Orizaba, la Malinche, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl se levantan aislados sobre una meseta que ya está a dos mil metros. Por eso impresionan menos de lo que miden: a cada uno le sobran solo tres kilómetros sobre el suelo que lo rodea. Entre los dos últimos está el Paso de Cortés, a unos 3.600 m, por donde el ejército español bajó a la Cuenca en 1519.
La Cuenca de México no tiene por dónde desaguar: al sur la cerraron los conos jóvenes de la sierra de Chichinautzin, y el agua se quedó dentro formando lagos. Sobre esos lagos se fundó Tenochtitlan. Desde arriba, la pregunta útil es por dónde podría salir el agua. La respuesta es que por ningún lado, y que desde 1607 se le vienen abriendo salidas artificiales hacia el norte.
Pasada la sierra, el terreno baja de 3.000 metros a los 1.500 de Cuernavaca en muy pocos kilómetros, y sigue bajando hasta la depresión del Balsas, un canal caliente y seco que corre de este a oeste. Es la misma división en tierra fría, templada y caliente que organizó los cultivos y los pueblos de México, vista de una sola ojeada.
La Sierra Madre del Sur es alta y abrupta, y en su franja costera la roca es granito y metamórfica antigua. Está más cerca del mar que los volcanes y, sin embargo, no tiene ninguno activo. Ese hueco es la pista de la clave siguiente.
Frente a Acapulco corre la Fosa Mesoamericana, donde la placa de Cocos se mete bajo la de Norteamérica. Todo lo del vuelo sale de ahí. Lo raro es la distancia: la placa entra casi horizontal bajo Guerrero y solo se hunde lo suficiente para fundir roca unos trescientos kilómetros tierra adentro. Por eso los volcanes forman una línea que atraviesa el país en lugar de seguir la costa, y por eso la sierra del sur se quedó sin ellos.
Lo que se deja fuera a propósito: qué ciudad se ve en cada tramo, cómo lucen las cumbres y el color del terreno. Eso es para el vuelo y para la crónica.